Yo no sé cómo explicar que siempre me siento usada o tolerada. Como si mi presencia fuera una costumbre, algo que hay que manejar.
Me llaman para pedir consejos. Para eso sí funciono. Funciono como psicóloga, para escuchar y aguantar las penas de todo el mundo.
Mi mejor amiga ya ni me habla.
Hablamos sobre esto y pensé que las cosas iban a mejorar, pero siguen igual. O peor.
¿Cómo explico que yo sé que ella me quiere y que me tiene mucho cariño por todos los años de amistad? Yo no estoy loca, porque yo lo veo. Veo cómo hace planes con todo el mundo. Veo cómo todos saben más de su vida que yo. Veo cómo ya no me llama ni para contarme sus penas, mucho menos sus alegrías.
Veo que el espacio entre nosotras es la mejor situación para ella.
Pero para mí no.
Yo sé que ella tiene otros amigos y eso siempre fue normal. Nosotras teníamos mundos completamente aparte, pero siempre encontrábamos la manera de conectarlos. Ahora nuestros mundos son más similares, pero nosotras estamos más apartadas.
Me duele nunca saber de ella. Me duele sentir que nunca quiere verme. Que nunca hacemos nada. Que nunca me llama. Me duele llamarla y sorprenderme cuando contesta.
Lo que más me encabrona es que, cuando la veo o hablo con ella, me emociono. Quiero disfrutar que por fin estamos juntas. Quiero contarle todo. Quiero sentir que nada cambió.
Pero sé que es solo un momento.
Me duele que parezcamos dos amigas de high school que se encontraron en el mall e hicieron catch-up. Es un dolor que no sé cómo explicar.
Me pesa.
Demasiado.
Me duele haber perdido tantas amistades que todavía amo. Personas que sigo invitando a todos lados y llamando cuando las extraño, aun sabiendo que probablemente no habrá respuesta.
Me duele que siempre trato de ser la mejor amiga que pudiera existir para que no se vayan.
Pero todavía se van.
Me duele que a veces me pregunto si realmente tengo amistades que genuinamente me quieren. Que me quieren a mí. No a la psicóloga. No a la que siempre va a estar. No a la que escucha, aconseja, resuelve y aguanta.
A mí.
Y yo sé que esto puede sonar como una exageración porque sé que tengo amistades que me adoran y me lo demuestran. Pero su ausencia me hace sentir que no están. Su silencio, mis llamadas sin contestar y mis mensajes ignorados me afectan.
¿Cómo digo que me afectan sin escuchar:
«Es que estaba haciendo mil cosas».
«Loca, tengo trabajo».
«Tengo mil cosas que hacer».
¿Tú sabes qué me molesta? Que cuando me escriben, me llaman o me necesitan, no importa cuán ocupada esté, siempre voy a estar.
No importa lo que esté pasando.
Yo tengo dos trabajos a tiempo completo. Hay veces que duermo tres o cuatro horas nada más y, aun así, si alguien me escribe o me llama, contesto.
Una vez estaba trabajando y una amiga me llamó. Yo no podía hablar, pero sí podía escuchar, así que me puse los headphones y le dije:
«Habla. Te contesto cuando termines porque ahora mismo no puedo conversar».
Y la escuché mientras trabajaba.
Yo sé que no todo el mundo es como yo.
Pero estoy cansada.
Cansada de escuchar a todo el mundo y que, cuando yo necesito que alguien me escuche, nunca haya tiempo.
Llevo meses ahogándome en pensamientos que no puedo controlar. Mi psicóloga es la única que me escucha, pero lo que más anhelo en este momento es poder contar con alguien. Poder llamar a alguien. Poder desahogarme yo.
Estoy cansada.
Solo quiero descansar de estar dentro de esta mente y poder respirar.
Estoy cansada de estar batallando esta vida sola. Ya no quiero estar sola. Bastante he tenido que batallar sola ya.
¿Por qué es malo desear un equipo?
Mucha gente me dice:
«Tienes que aprender a estar sola».
PERO, PUÑETA, YO ESTOY SOLA DESDE LOS ONCE AÑOS, CUANDO MIS PADRES DECIDIERON COGERSE VACACIONES DE MÍ Y DE MIS HERMANAS.
Estoy harta.
Estoy harta de actuar como si estuviera bien. Estoy harta de sentirme despreciada y abandonada. Solo quiero que alguien, ALGUIEN, esté ahí como yo siempre estoy.
¿Es mucho pedir?
Solo quiero que alguien piense en mí para ir a comer. Para ver una película. Para reírse un rato. Para hablar por teléfono. Para salir. Para darse unos drinks. Para hacer algo que nunca hayamos hecho.
Quiero que alguien piense en mi.
Quiero ser escogida.
Quiero sentirme amada.
Estoy cansada de sentirme tolerada.
En mi última salida me sentí como mierda.
Yo les escribí a mis amigas porque simplemente no quería quedarme sin hacer nada. Les propuse hacer algo tranquilo porque sé que no están en las de salir mucho. Escogí algo que ellas hacen mucho y que sé que les gusta.
Yo solo quería su compañía.
Me dolió que una me llamara para decirme que ya tenían esos planes y, entre líneas, darme a entender que yo no podía ir por unas circunstancias que, para mí, no eran realmente una razón.
Pero dejé que fueran una razón porque sentí el tono.
Después, la otra me dijo:
«Pues vamos nosotras».
Me fui a preparar y luego me enteré de que ella ya estaba allá, participando de los planes a los que yo no estaba invitada. Me dijeron que llegara más tarde.
Llegué.
Una se fue.
La otra invitó a otras amistades.
Y yo me quedé allí como una mosca en la pared.
Me sentí tan incómoda. Me preguntaba: ¿por qué carajo yo vine?
Pero yo sé por qué fui.
Porque, aunque me sintiera como culo, quería verlas. Quería compartir con ellas. Quería have fun. Quería salir, aunque fuera por unas horas, de esta mente que me tortura.
Pero todo se sintió tan despreciante.
Y quizás ellas digan que no fue así. Que las cosas no pasaron de esa manera. Que estoy exagerando.
Pero así se sintió para mí.
Me sentí tolerada.
Estoy cansada, destrozada y derrotada.
Y ya no sé cuánta emoción más puede aguantar mi cuerpo.
