La narcisista


Me preguntaron los otros días cómo yo me hablo en mi cabeza.

Pero, si te soy honesta, yo no creo que me hable en mi cabeza. No recuerdo en qué momento empecé a bloquear mis pensamientos. Tampoco recuerdo la última vez que pensé en lo que realmente pienso de mí. En lo que de verdad pienso de mí.

En el mundo exterior, yo hago un personaje de que soy la mujer más hermosa, inteligente, sociable y buena del mundo. Me tiro chistes sobre narcisismo, pero la realidad es que no lo hago para recordarle al mundo que soy valiosa. Lo hago para recordármelo a mí.

Llevo tanto tiempo bloqueando hablarme mal con afirmaciones en mi cabeza:

“tú eres bella”

“tú eres chistosa”

“tú eres brillante”

“tú eres todo”

Pero si realmente creo en todas esas cosas, ¿por qué siento tanto vacío dentro de mí? ¿Por qué no soporto estar sola? ¿Por qué no me soporto a mí ni a mis decisiones?

Yo no sé cómo explicarle a alguien que hay dos versiones de mí. La que vive en todas esas afirmaciones y la otra que carga todo lo que detesto. Yo nunca sé cuál versión de mí va a salir ese día, y siento que hay una guerra constante entre las dos en mi cabeza.

Odio que siempre busco amor y tan poco lo recibo.

Odio cómo mi personalidad es mucho para muchos y yo todavía no sé cómo hacerme menos.

Odio que busco validez en la raza masculina.

Odio que hasta las personas más cercanas a mí necesitan espacio de mí.

Odio que nunca soy suficiente.

Odio que muchos me quieren, pero nadie me ama.

Odio que nunca soy la primera opción.

Odio mi personalidad.

Odio que me río como un cerdo.

Odio que todo lo que pasa por mi cabeza sale por mi boca.

Odio que soy un objeto sexual y nunca emocional.

Odio que me importa tanto todo.

Odio que sobreviví mi primer intento y que, aun así, a veces esa oscuridad todavía sabe hablarme.

Odio que me preocupo por todo el mundo y nadie se preocupa por mí.

Odio que no puedo cuidarme a mí misma.

Odio que mis padres no estuvieron.

Odio cómo yo me he quedado atrás.

Odio no poder soltar, incluso cuando ya me han roto el corazón cien mil veces.

Me odio a mí.

Siempre me han preguntado por qué no odiaba a todas esas amistades que me traicionaron, cómo no odiaba a todos esos hombres que me maltrataron y cómo no odiaba a mi familia por haberme abandonado.

La verdad es que nadie me ha traicionado, maltratado o abandonado como yo lo he hecho conmigo misma. Nadie me ha roto el corazón como yo me lo hice a mí. No hay más espacio para que entre el odio si ya está todo ocupado por mí.

Y ahora, ¿cómo yo me empiezo a amar? ¿Cómo empiezo a creerme lo que digo en voz alta?

Mi mente lleva tantos años en modo defensa que mi cuerpo ya no aguanta más. Solo falta preparar un contraataque.

La pregunta es: ¿cómo una batalla consigo misma cuando siempre voy a ganar y perder?

Voy a ganar esa libertad que llevo esperando: bajar mis defensas y poder respirar.

Pero pierdo mi escudo.

Y no recuerdo cómo se ve el mundo sin la oscuridad de la guerra.

Tengo miedo.

Pero mi desesperación es mayor.