No se han dado cuenta de que todo el mundo contesta igual cuando preguntan:
“¿Cómo estás?”
“Bien, ¿y tú?”
“Bien.”
Y ya. Ahí se muere el interés por el estado emocional del otro.
Yo misma lo hago. Automatizada. Entrenada. Programada.
La sociedad nos enseñó que existen emociones “buenas”
(felicidad, amor, admiración, gratitud)
y emociones “malas”
(ansiedad, ira, frustración, celos, envidia, asco, tristeza).
Para mí no hay emociones buenas ni malas. Solo emociones.
Y hay estudios que lo prueban.
Lo único malo de las emociones es aguantarlas.
Porque son energía que quiere salir.
Fuerza que pide liberarse.
No esconderse.
Las emociones son la forma más básica y más humana de existir.
Sin ellas, somos zombies.
Y de alguna forma… ya lo somos.
Zombies de las normas.
Nos levantamos, nos vestimos, trabajamos, comemos, volvemos a dormir.
Repetimos.
Todo con una sonrisa que no siempre pertenece a la cara donde vive.
A veces quisiera contestar esa pregunta con honestidad brutal.
Decir lo que realmente siento.
O simplemente decir:
“¿De verdad te importa?”
Pero no.
Porque si uno lo hace, ahí vienen las preguntas insinceras:
“¿Qué pasó?”
“Cuéntame.”
“¿Cómo te ayudo?”
Cuando en realidad… nadie quiere cargar tus emociones.
Nadie quiere saber cómo te sentiste ayer, hoy o mañana.
Todos están demasiado ocupados tratando de sobrevivirse a sí mismos.
La pregunta no es genuina.
Es cortesía.
Un reflejo.
Una frase robótica sin alma.
Entonces, ¿para qué la hacemos?
Es estúpida.
Si yo creyera que esa pregunta vale algo, contestaría así:
“Pues mal.
Hoy me levanté sin ánimos de salir de casa, con ganas de dormir todo el día,
pero la vida es cara y se necesita dinero para vivir una vida que ni pediste.
Aquí estoy, con ganas de llorar, de gritar,
escondiendo mi depresión, mi trauma, mi cansancio emocional
detrás de una actitud positiva para que el mundo no me vea
ni como una bicha, ni una grinch, ni una desagradecida.
Así que técnicamente… ‘bien’.
¿Y tú?”
Pero digo eso,
y las caras se congelan.
Porque la pregunta es tan robótica
que cualquier respuesta fuera de “bien”
manda el sistema emocional de la gente a colapsar.
